En los países del llamado
Tercer Mundo, para definir las alternativas para su desarrollo, se ha discutido
durante largo tiempo si primero es el desarrollo y de allí se deriva la educación
o si primero es la educación y de allí se deriva el desarrollo.
El ejemplo reciente de países que han progresado
rápidamente en un corto periodo de
tiempo ha inclinado la balanza hacia el
segundo modelo, expresado en la frase “un pueblo que se educa se desarrolla”.
En Colombia, para este propósito, fue creada en 1993 la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, compuesta por diez
sabios que produjeron el documento Colombia: al filo de la oportunidad,
que sería la carta de navegación para el país en lo referente a las
posibilidades reales de desarrollo por medio del dominio del conocimiento.
Los diez sabios, además de precisar los cambios
institucionales y las ingentes sumas de dinero que este cambio de paradigma
necesita, no dudan en señalar que es con la creatividad de los actuales agentes
de cambio y de los 36 mil profesionales que es necesario formar para facilitar
la endogenización cultural como se logrará la transformación que tanto se
anhela.
Por otra parte, los sociólogos que analizan la situación
actual de la convivencia en los países como Colombia, no dudan en estar de
acuerdo con las gentes del común en calificarla como bastante deteriorada. Las
razones de este deterioro son numerosas y su exposición está fuera del alcance
fijado a este libro. Para poder regresar a una convivencia que permita a los
niños y jóvenes construir y reconstruir sus metas de desarrollo integral y
diverso, se impone pensar de manera creativa para encontrar las soluciones que
permitan el respeto por el otro y la posibilidad de ser agentes de cambio en
medio de la diferencia y, sobre todo, con tolerancia.
Es, pues, la creatividad la herramienta humana
fundamental en el proceso educativo, en el desarrollo de las personas y de los
pueblos y en la posibilidad de una nueva convivencia con tolerancia; es la
fuente inagotable de la que surge la innovación, la cual también debe permitir
el desarrollo humanizado, para no llegar a las situaciones extremas de países
como Japón, en que el culto al trabajo y los irracionales niveles de exigencia
han llevado a que numerosos niños no
quieran vivir.
Son los niños por
excelencia sujetos del asombro, el sustrato básico para que esta
creatividad se exprese como meta de su desarrollo y como instrumento para
convertirse en verdaderos agentes de cambio.
Definición
Creatividad es la capacidad
de crear en lo personal, lo familiar, lo artístico, lo científico y lo social.
En sentido humano, crear es organizar un conjunto de elementos en forma tal que
se produzca un nivel de bienestar superior a aquél que estos elementos podrían
producir por sí mismos, separados, antes de ser organizados. Tal bienestar se
refiere a tres maneras de satisfacción: el disfrute de lo creado, el interés (atención)
por lo creado y la conveniencia de lo creado.
Cualquiera de estos
tres aspectos representa un nivel de bienestar superior y en su vivencia
encuentra cabal cumplimiento el ejercicio de la creación, se pone en juego la
realización de la vocación humana y la plenitud que se deriva de su
desenvolvimiento. Por eso la creatividad siempre ha estado ligada con la
felicidad, que es una conformidad con la naturaleza de las cosas y las
personas, permitiéndoles su mejor despliegue. Así lo expresa la filósofa y
profesora universitaria Beatriz Restrepo:
Hablar de creatividad es,
pues, señalar al hombre la posibilidad de recorrer el triple camino del
conocimiento, de la creación artística y de la praxis político-moral de una
manera innovadora y anticipadora que le permite, a la vez, los más altos
desarrollos de sus aptitudes y capacidades personales y los más pertinentes
aportes al avance social de su comunidad y ello en tres dimensiones esenciales
al ser del hombre y a la
humanidad: la ciencia, el arte y la convivencia.1
La creatividad como acto humano
Los animales irracionales no
son creativos. Están determinados genéticamente para responder instintivamente
a cualquier desafío, hasta llegar a la estereotipia. El único que inventa, que
elige entre alternativas, que improvisa, que repentiza, es el hombre. En esto
tiene mucho que ver la voluntad.
En la creatividad confluyen iniciativa, disciplina, recursividad
y sobre todo el libre juego de la reflexión. Esta última es la que pone el
sello típicamente humano; de no estar presente, solo habría rutina, repetición
mecánica, inevitabilidad. La creatividad es una capacidad construida en la
especie y en cada individuo, y habilita para dominar las cosas y los procesos,
para afrontar la vida.
La creatividad es la dimensión de la persona que le
permite responder a los múltiples llamados a la eficacia y a la satisfacción en
la cotidianidad. Con creatividad y conocimiento se puede conseguir y reforzar
la competencia (capacidad) para salir adelante, con dificultades de por medio o
sin ellas.
En todo caso,
la creatividad no es un destello; es una tarea esforzada de la cual resulta una
habilidad facilitadora para la consecución de una buena vida. Se construye paso
a paso con base en la repetición de experiencias a lo largo de la vida, para lo
cual es necesario la acción estimulante y abierta de instituciones y personas
como la familia, la escuela, los pares y los medios masivos de comunicación
social. Porque, para desplegarla, es preciso haber construido la autoestima y
la autonomía como sus presupuestos indispensables.
El proceso de crear consta de una primera etapa que
tiene lugar en el pensamiento y de una segunda etapa que tiene lugar en la
realidad externa.
El acto de crear ocurre primero en la conciencia y
luego, en un segundo momento, en el exterior. Por este motivo las ideas que se
tienen en la conciencia desempeñan un papel determinante en el producto por
crear. La realidad que se vive es fruto de la realidad que se piensa: se
decreta la existencia del producto por organizar en tanto se le presenta a la
luz de la conciencia por medio de las palabras; la palabra tiene una función
creadora: se decreta la existencia con lo que se dice, siendo este un asunto de
humanos.
Crear se refiere también a los elementos. Estos pueden
ser bienes físicos o bienes identificables por medio de símbolos. Entre estos
últimos se pueden enumerar algunos: la palabra, el amor, el tiempo, los
propósitos, la libertad, la fe.
Siendo estos bienes materia prima del producto
conseguido por medio del acto creador, es oportuno señalar que su existencia
objetiva, real, no es garantía de que puedan ser empleados con el propósito de
crear. Vale decir que los bienes solo son empleables por el creador en tanto
estén disponibles en su conciencia. En el fondo, los únicos bienes del universo
con los cuales cuenta son aquéllos cuya existencia y disponibilidad para sus
fines ha asumido en su conciencia.
Por otra parte, el papel de la conciencia no se
restringe al conocimiento de los procedimientos necesarios; también incluye las
creencias con respecto a cómo se ve a sí mismo el sujeto creativo, que es el
responsable final del acto creador, es decir, incluye el papel de los
pensamientos con respecto al creador y a los productos que puede crear. Si en
la conciencia del creador está profundamente arraigada la creencia de que es
pésimo para la actividad que pretende desarrollar, esta creencia le hará una
poderosa invitación para que haga lo necesario para confirmar tal idea de sí
mismo como autor de pésimas creaciones. La idea contraria también influirá en
los resultados.
Así, en estas condiciones que lo posibilitan y hacen
de él un acto humano, el acto creador organiza elementos en forma tal que da
origen a un nuevo producto con capacidad de gustar, interesar o convenir.
Para una mejor comprensión de lo dicho, se puede
recurrir a una analogía con una tarea de la cotidianidad, un ejemplo que tenga en cuenta los elementos de la
definición: el horneado de un bizcocho.
En primer lugar se necesita decidir qué tipo de
bizcocho se quiere preparar, así como los elementos necesarios. Todo este
proceso es intelectual. Luego se consiguen los ingredientes necesarios (harina,
huevos, mantequilla, nueces, pasas, azúcar, dulce quemado) y se van mezclando.
Igualmente, se disponen elementos como el horno y los moldes.
Una vez preparado el bizcocho, este tiene un sabor que
no puede ofrecer por sí solo ninguno de los elementos utilizados. La adecuada
combinación de estos ingredientes lleva a un nuevo producto con cualidades
nuevas y que en este caso es para ser disfrutado.
Los mitos sobre la creatividad
Asumir el papel de creador
supone estar muy atento a la presencia de pensamientos que bloquean el proceso
de crear y que usualmente se traducen en baja autoestima y menor autonomía. En
seguida se examinarán algunas de estas ideas obstaculizadoras del proceso
creador de niños y jóvenes que generalmente se recogen en la diaria interacción
con los adultos significativos, de sus palabras aleccionadoras y de sus gestos
cargados de sentido.
Crear es de genios
Es muy fácil adquirir esta
idea en la niñez y sacar la conclusión de que solo pueden crear unos pocos. La
idea opuesta y más real es: crear es posible y hasta inevitable para toda
persona con una inteligencia normal. Más que una condición de genio, crear
requiere que se repita el pensamiento (afirmación): cualquiera puede crear.
Todos se pueden permitir crear lo que quieran.
Pero lo que cuenta
es el yo que antecede a tal acción afirmativa. Tiene que ser un yo robusto y
rico en reconocimiento y gratificaciones. La confianza en sí mismo que surge
naturalmente de allí lleva a pisar fuerte más lejos, a tomar iniciativa y aun a
soportar reveses y fracasos sin desmoronarse. El crear y sus concomitancias
suponen un yo sano, fuerte, autónomo.
Crear es de artistas
En los años escolares es
posible que se hubiese aceptado la creencia de que para ser auténticos
creadores se requería la dedicación a algún arte particular, como la pintura,
las letras, la música, etcétera, con lo cual se circunscribe la creatividad a
la expresión artística, idea esta, errada también, pues en toda actividad
humana es posible crear. Los productos creados no se restringen al campo de la
estética. Todo hacer que culmina con un producto generador de alguna modalidad
de bienestar es creador. Esta idea restrictiva puede ser reemplazada por la
siguiente: en todo lo que haga la persona, se torna creadora.
Solo crea quien es pobre o
rico de recursos
Algunas personas desarrollan
la creencia de que se es más creativo cuando se afrontan situaciones de escasez
extrema. Otras personas en cambio se convencen a sí mismas de que crear solo se
hace posible para quien cuenta con
abundancia de bienes. La verdad es que unos y otros vuelven realidad su
creencia interior. La creatividad no depende tanto de los recursos disponibles
como de una actitud creadora. Una manera de salir de esta posición condicional
con respecto a la cantidad de bienes como requisito para crear, es afianzar en
la propia conciencia la siguiente idea: cuéntese con lo que se cuente, hay que
decidirse a crear lo mejor de lo mejor en todo lo que se haga.
Crear depende de las
experiencias de la niñez
Son numerosas las personas
amigas de verse a sí mismas como determinadas por las experiencias del pasado,
en especial las de los primeros años. En realidad crear depende más de una
decisión que de un recuerdo. Minuto a minuto y en el momento presente cada
persona cuenta con la opción de crear algo en forma autónoma y sin estar
repitiendo mecánicamente las pautas de conducta observadas a los adultos que le
acompañaron en su desarrollo. Una buena idea para orientarse a la autonomía en
el presente es declararse libre y permitirse crear lo mejor según las
circunstancias actuales. De los adultos significativos del pasado queda la
seguridad que nace del cariño genuino. Esa seguridad permite hacer todo y de
todo. También queda la inspiración extraordinariamente provocadora del ejemplo.
Crear es una habilidad
inalterable
Esta idea hace referencia a
que sería imposible para las personas incrementar, en el transcurso de su vida,
su habilidad para crear. Por el contrario, es posible aprender a crear más y
más, ilimitadamente; el primer paso es tomar conciencia del poder creador y
verse a sí mismo con el poder para crear.
Crear es algo individual
No es posible crear nada
viviendo en el aislamiento, es decir, el espíritu creativo no se da por fuera
de un grupo humano. El aislamiento solo permite reforzar las fantasías de
soledad y absurdo. Nadie, por sí solo, está en condiciones de producir todos
los elementos necesarios para crear un determinado producto. La idea
alternativa al individualismo es tener disposición para colaborar, permitirse
dar y recibir ayuda para crear.
El aporte de los padres para incrementar el poder creador de sus hijos
Desde el nacimiento del
primer hijo, los padres, de una manera más o menos consciente, viven la confrontación
entre los recuerdos de lo que fue el proceso de crecer en su familia de origen
y las circunstancias concretas que se viven en el momento presente en la
familia que están formando. Es muy poderosa su inclinación a reproducir las
pautas de crianza experimentadas por ellos en calidad de hijos. El motivo es
que así tienen la garantía de usar pautas con las cuales lograron crecer y
sobrevivir en el ambiente familiar en que se desarrollaron.
Las ideas negativas con respecto a la posibilidad de
tomar decisiones más conformes con las circunstancias presentes, aunque se
distancien de los ejemplos de sus padres, pueden tener como consecuencia la
restricción para que los nuevos padres diseñen su propia manera de cuidar sus
hijos. Pero mejor que copiar pautas pasadas es tomar decisiones ubicadas en el
aquí y en el ahora, aunque esto pudiera significar el diferenciarse de las
pautas tradicionales.
Por su parte, los hijos tienen siempre su propia idea
del bienestar y los padres están siempre expuestos a encontrarse con la
experiencia de que a su hijo no le interesa, no le gusta o piensa que no le
conviene lo que los padres consideran adecuado para él. En este punto los
padres, como fuente de amor significativa para su hijo, deben ser muy definidos
en auto garantizarse como tal fuente de amor aunque el joven vástago tenga
criterios contrarios a los suyos.
Asumir el compromiso de amar a su hijo, sin
condiciones, es un propósito muy exigente para muchos padres que
fundamentan el amor a sus hijos en la disposición de estos para actuar y crear
lo que, como padres, consideran que sus hijos deben crear. Lo más saludable es
que los padres se decidan a dejar ser a sus hijos, cediéndoles, así sea
gradualmente, la responsabilidad para conquistar la estatura humana que desean.
Los padres están llamados a contener, no a reprimir; a proteger y a facilitar
la libertad; a conservar y al mismo tiempo a admitir el cambio radical. Estas
son tensiones inevitables y constructivas de la vida familiar.
El amor de los padres es para los hijos. Los hijos
nacen para ser cuidados por los padres y no a la inversa. El amor de los
padres, si de verdad le reconoce a los hijos su derecho a crear por su cuenta,
es un amor no posesivo y en este aspecto los padres deben estar atentos a no
dejarse llevar por la inclinación a sabotear los esfuerzos de sus hijos para
construirse una vida propia.
Se requiere gran atención sobre la sutileza de las
propias actitudes, ya que muchas veces los padres, conscientemente, pueden
pensarse como partidarios de la autonomía, mientras que, simultáneamente, no se
percatan de las ideas de temor y rechazo a la perspectiva de ver a sus hijos
creando su propia vida.
La decisión de crear algo es de cada niño y cada
joven, pero los padres, con su manera de vivir, de disfrutar, de sentirse
merecedores de lo mejor y con derecho a triunfar (y todo esto apoyado con las
actitudes correspondientes), son una poderosa invitación para que sus hijos se
permitan ir creando su propia manera de vivir el bienestar.
Los padres invitan y los hijos aceptan o rechazan la
invitación. Constituyen mal ejemplo los padres que dicen hacer todo en la vida
para el bien de sus hijos; estos padres están afirmando implícitamente que para
sí mismos no merecen nada y que lo único que pueden hacer en la vida es cuidar
de sus hijos. Posteriormente, encontrarán que sus hijos tienen dificultades
para aspirar, pedir y recibir lo que quieren y que no pueden declararse
merecedores de lo mejor. Personas en estas condiciones están en dificultades
para crear con éxito y verse a sí mismos logrando altos niveles de bienestar
con lo creado.
La invitación más poderosa para crear proviene de
unos padres que se permiten reclamar
parte de sus bienes para sí, disfrutar por sí mismos, y sentirse con derecho
para pedir, reclamar y merecer.
Otro aspecto que se debe tener en cuenta en relación
con el adecuado comportamiento de los padres para facilitar el desarrollo del
niño y el joven como ser creador es reemplazar los juicios de bueno y malo por
conductas no condicionales; esto permite que el niño y el joven se desarrollen
con mayor confianza, sin tener que renunciar a los bienes materiales y
espirituales que la vida, por intermedio de su familia, pone a su disposición.
El proceso mediante el cual el niño y el joven
reclaman para sí una cualidad o un bien puede verse dificultado por el miedo;
en este caso, las caricias de los padres, además de fortificar el amor a sí
mismo, tienen una función protectora indispensable. El reconocimiento brindado
de forma desprevenida crea las condiciones de seguridad y confianza que
facilitan al niño y al joven una percepción más completa de los bienes
disponibles para él.
A los sentimientos de miedo, los padres deben
responder con acciones de cuidado y respaldo que habrán de convertirse en
confianza. La confianza básica es el soporte para un genuino acto creador. La
falta de esta protección puede generar una situación en la que el niño, aunque
cuenta con todos los recursos intelectuales y físicos, no se permite actos
creadores por el miedo a declararse propietario de sus bienes y autor de su
obra. Es el miedo a la libertad, que inhibe y paraliza. Es la muerte, la
ausencia de creatividad.
Finalmente, es
necesario mirar con respeto la inmensa capacidad del niño y el joven libres
para actuar en forma espontánea, original y adecuada para el bienestar que
busca. En incontables casos, los padres han vivido un proceso de debilitamiento
del poder creador y, como consecuencia de ello, han quedado restringidos a
pensar solo mediante una lógica explicativa. Para estos padres la mejor
medicina es el dejarse enseñar de sus hijos que en su condición de niños
libres, continuamente están mostrando maneras de reaccionar, de expresarse, de
moverse y de pensar que se caracterizan por la bondad, la sabiduría y el poder,
en forma inocente y natural.
La escuela como complemento de la casa en la construcción de la
creatividad
Generalmente, cuando los
niños salen de la casa, van a la escuela, que es un ambiente artificial, es
decir, un espacio físico y de relaciones preparado intencionalmente para
conseguir unos efectos. Allí se conjugan conceptos, enunciados, estrategias,
procedimientos y técnicas para ayudar a hacer de cada niño y cada joven,
hombres de bien, profesionales competentes y sobre todo seres humanos plenos de
imaginación, creatividad y recursividad. En la escuela se debe formar en
y para la creatividad.
En tal espacio, los maestros y el currículo producen
maravillas siempre y cuando se vitalice la escuela y se desescolarice la vida;
en otras palabras, garantizando desde la
casa, sobre la base de la confianza, la amorosa compañía y la disciplina
humanizada, el surgimiento y consolidación de la curiosidad, la capacidad de
inquirir y la permanente interpelación al mundo tanto físico como histórico y
de relaciones humanas. En la búsqueda de respuestas satisfactorias se va
formando el sesgo investigativo que infaltablemente hará surgir cosas y
conceptos de la nada, o desde la precariedad y la incompletud los
reajustará y les dará una nueva dimensión.
Entre familia, sociedad y escuela es necesario
mantener un horizonte facilitador y esperanzador de la creatividad para que el
niño y el joven construyan un poder extraordinario: el de crear, producir,
cambiar; el de hacer más vivible su entorno transformándolo; el de cumplir bien
con el llamado irrenunciable a ser más dueño de sí, o sea, más humano.
La creatividad como motor del cambio social y como asunto de sabiduría
aplicada
La creatividad, en tanto
dimensión propia del hombre como protagonista de su destino, implica una mayor
y mejor capacidad de actuar de cada individuo, pero no en forma aislada, sino
en compromiso con el proceso vital del otro. El reconocimiento brindado de
forma desprevenida crea las condiciones de seguridad y confianza que facilitan
al niño y al joven una percepción más completa de los bienes disponibles para
él (con respeto por la diferencia), de tal manera que se forme una red de
creatividad propia desde, en y para cada comunidad. Como dice el profesor
Ricardo Giraldo: Concebimos la
creatividad como el insumo indispensable para la solución de problemas, para la
adaptación del hombre a su entorno y, como consecuencia de lo anterior, como la
fuente de alternativas para la supervivencia.2
Esta forma de creatividad, la comunitaria, es el
camino expedito para lograr el cambio social, el progreso. No se debe entender
exclusivamente como presión de los medios económicos para aumentar la
productividad, sino como la más genuina posibilidad de que las comunidades sean
sus propios agentes de cambio. Se trata pues de una creatividad que no solo
enriquezca al individuo y sus relaciones con los demás, sino que sea el motor
del cambio permanente del proceso vital social.
La sabiduría
recogida por la familia (agente principal en la construcción de la creatividad),
por la escuela y por la sociedad permite que la creatividad sea construida con
mayor facilidad por los niños y jóvenes, si en el acompañamiento inteligente y
afectuoso de ellos en su proceso de desarrollo, los puericultores aplican
conceptos fundamentales del saber popular que, como los siguientes, se han
probado con éxito:
·
Amar sin condiciones
· Propiciar la construcción de
la autoestima y la autonomía como metas necesarias para poder construir la
creatividad
· Estimular permanentemente
desde el nacimiento, las esferas táctil, visual y auditiva
· Fomentar la comunicación
verbal de tal modo que no se frenen las inquietudes creadoras
· Estimular la capacidad de
imaginar y sorprenderse
· Eliminar los viejos y
castradores modelos de la copia como único medio educativo
· Propiciar la participación en
actividades artísticas de toda índole
· Fomentar la experimentación
para entender fenómenos de la naturaleza
· Estimular en los niños y
jóvenes el aprendizaje por ensayo y error, y animarlos a persistir si fallan
· Facilitar el contacto con la
naturaleza y los animales; plantar árboles y cuidarlos
· Estimular la capacidad
crítica y la expresión de la libertad
· Favorecer la participación
del niño y el joven, según su etapa de desarrollo, en la solución de problemas
cotidianos
· Alentar la comprensión de la
diferencia como expresión vital del hombre
· Estimular el uso crítico de
los medios de comunicación social
· Difundir el uso de los medios
computarizados más avanzados: multimedia y tecnología de realidad virtual
· Propiciar el análisis de la
realidad social
· Exaltar la convivencia social
con base en la tolerancia
Referencias
bibliográficas
1. Restrepo B. Las
dimensiones de la creatividad y el papel de la educación. En: Lotero, G. ed. La
llave del futuro. Memorias Primer Foro Regional sobre Creatividad y Educación. Medellín:
Impresiones Quirama; 1994: 37.
2. Giraldo R. El Sena:
consideraciones sobre la creatividad. En: Lotero, G. ed. La llave del
futuro. Memorias Primer Foro Regional sobre Creatividad y Educación.
Medellín: Impresiones Quirama; 1994: 259.
Bibliografía
Lotero G. La llave del futuro. Memorias
Primer Foro Regional sobre Creatividad y Educación. Medellín: Impresiones
Quirama; 1994.
Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo. Colombia:
al filo de la oportunidad. Informe conjunto. Santafé de Bogotá:
Presencia; 1995.
Pensamiento creativo. Memorias del Primer
Encuentro Nacional. Medellín: Universidad de Antioquia; 1988.




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